Tuesday, December 15, 2015
Monday, October 19, 2015
Kimchi
Llevan 23 minutos en una fila para comer, cuyo menú no pueden leer.
Cuando falta solo una persona para ordenar, se dan cuenta de que el es alérgico al gluten, ella no come cerdo y ninguno de los dos quiere sandwich.
- Pero y que hacemos en esta fila?? Permiso..donde usted compró esto?
- En aquel lugar del letrero blanco.
- Gracias. Yo digo que es mejor decir que perdí ese tiempo a comerme lo que no quiero.
- Vamos.
Llegaron al lugar que querían, con los platos servidos y con la lengua hecha agua.
- Como en la vida..esperando lo que no se quiere, cuando lo que se espera esta a la mano.
El kimchi activaba el paladar.
El estómago se preparaba para digerir la idea.
La cabeza se les fermenta.
Cuando falta solo una persona para ordenar, se dan cuenta de que el es alérgico al gluten, ella no come cerdo y ninguno de los dos quiere sandwich.
- Pero y que hacemos en esta fila?? Permiso..donde usted compró esto?
- En aquel lugar del letrero blanco.
- Gracias. Yo digo que es mejor decir que perdí ese tiempo a comerme lo que no quiero.
- Vamos.
Llegaron al lugar que querían, con los platos servidos y con la lengua hecha agua.
- Como en la vida..esperando lo que no se quiere, cuando lo que se espera esta a la mano.
El kimchi activaba el paladar.
El estómago se preparaba para digerir la idea.
La cabeza se les fermenta.
Tuesday, September 15, 2015
Las martinícas
Ella trataba de escribir el cuento del italiano que le había dicho que no pudo dormir la noche antes y que se puso a leer a Alicia en el país de las maravillas.
- Conoces tú este cuento?
Ella asiente con una sonrisa.
Entre café y caminatas de las maravillas, cambia de tema a que él solo sabe hacer un postre.
- Las galletitas de chocolate y cacahuate, que me enseñó a hacer Martín. Él es argentino que vive San Cristobal en México y las vende allá.
Y mientras el daba detalles minusciosos de las proporciones de los ingredientes, ella como siempre imaginó a cuaquier mujer llamada María chapoteándo en un char o.
- Yo lo termino con un baño de María.
Ella sonrió. La descripción chocolatosa la dejó preguntándose cómo sabrán.
- A todo mundo gustan y siempre que las hago, no se pierde ni una.
Decía el con dedo levantado y toda seguridad.
Esa noche sus pies correteaban un pueblo nuevo. Alguien le vé y le saluda a él. Alguien la vé a ella y dice:
- Y para la srta. que se quedó solita..aquí le tengo las galletitas!
- Postre antes de comer! Por que nó! De qué son?
- De chocolate y cacahuate.
- Me llevo dos!
El regresa y le dice:
- Mira..la martinicas! Chocolate y cacahuate, como las de Martín.
- Oh..wao..es que Martín es un amigo argetino..
- Es que yo soy Argentina! Y a mí quien me las ha enseñado fué Martín. Vamos..si mi hijo trabaja con él allá en San Cristobal!
- Noo!!
Rieron y festejaron la casualidad del asunto. Ella con maní en los dientes y chocolate en el paladar le pregunta el nombre.
- Me llamo Alicia.
Sale otra carcajada. La boca tiene un dulce más intenso que el azúcar.
- Que grande es este mundo tan pequeño!
- Conoces tú este cuento?
Ella asiente con una sonrisa.
Entre café y caminatas de las maravillas, cambia de tema a que él solo sabe hacer un postre.
- Las galletitas de chocolate y cacahuate, que me enseñó a hacer Martín. Él es argentino que vive San Cristobal en México y las vende allá.
Y mientras el daba detalles minusciosos de las proporciones de los ingredientes, ella como siempre imaginó a cuaquier mujer llamada María chapoteándo en un char o.
- Yo lo termino con un baño de María.
Ella sonrió. La descripción chocolatosa la dejó preguntándose cómo sabrán.
- A todo mundo gustan y siempre que las hago, no se pierde ni una.
Decía el con dedo levantado y toda seguridad.
Esa noche sus pies correteaban un pueblo nuevo. Alguien le vé y le saluda a él. Alguien la vé a ella y dice:
- Y para la srta. que se quedó solita..aquí le tengo las galletitas!
- Postre antes de comer! Por que nó! De qué son?
- De chocolate y cacahuate.
- Me llevo dos!
El regresa y le dice:
- Mira..la martinicas! Chocolate y cacahuate, como las de Martín.
- Oh..wao..es que Martín es un amigo argetino..
- Es que yo soy Argentina! Y a mí quien me las ha enseñado fué Martín. Vamos..si mi hijo trabaja con él allá en San Cristobal!
- Noo!!
Rieron y festejaron la casualidad del asunto. Ella con maní en los dientes y chocolate en el paladar le pregunta el nombre.
- Me llamo Alicia.
Sale otra carcajada. La boca tiene un dulce más intenso que el azúcar.
- Que grande es este mundo tan pequeño!
Monday, December 15, 2014
Komo kien retolla
Al poko tiempo de mudarme a Texas, sembré unas 3 sábilas k no median mas de 2 pulgadas. Para ese tiempo un amigo se mudaba y me regaló tiestos. No solo krecieron, sino k se multiplikaron, me llenaron el balcón y terminé komprando mas tiestos. Probé de los mejores tamarindos en mi vida. Lo sembré, a pesar de k nunka he logrado krecer un árbol de una de mis frutas favoritas. Komo en una semana empezó a aparecer verde! Toda una vida soltando semillitas y se dió así: fuera de su ambiente natural y kuando menos me lo esperaba. Una vez alguien me preguntó, k si pensaba sembrarlos en el cemento de mi balkón. Sonreí: "desde k krecieron supe k voy a resembrarlos en kualkier otro sitio y k no necesito komer de su fruto. Solo estoy esperando k estén mas grandes y fuertes. Mientras, me kontento kon verlos."
Se me hace difícil tener maskotas. Asi k
decidí alimentar a las aves libres. Me llenaron el balkón y me
depositaron una semilla, k resulto en otra planta. Un día fui a botar la
basura y encontré un bejuko de una enredadera violeta. La puse en agua y
esa misma semana regaló 3 flores lilas. Siguió echando hojas y kasi
semanalmente tiene una florecita. Me regalaron parchas k krecen en un
árbol de mango. Las usé en jugo. La káscara fue a la tierra y krecieron
hongos. Las semillas las eché en tiestos k tienen otras plantas y hoy vi
k andan retoñando. O komo diríamos nosotros: retollando!
K pk lo eskribo? Pk me da genuina alegría! Pk me rekuerda el sonido del
agua en las plantas. Mi abuelo las regaba, durante kada amanecer. Esa
solía ser mi alarma para despertar a la eskuela. Y kada cierto tiempo
kambiaban..unos pimientos morían, para dar paso a palos de gandules, los
desgranabamos, se hacia arroz y me daban las káskaras para echarlas al
tabako o al palo de pana, k daba los tostones y kuyas hojas se iban a
las palmas de koko o las matas de guineo, k alimentaban las panzas de
muchos.
Esta comprensión simple de interakción ...k aunke
lloviese, mi abuelo iba a verlas, las saludaba a ellas, a mi y a mi
hermana por la ventana, sin hacer pausa en su silbido. Ni aún kuando sonreía. Pk a pesar de ser medio sordo, siempre eskuchaba mi silbido. Sera k hay gente asi, k eskucha lo k otros obvian.. Nunka se molestaba pk yo le acompañase kon el mío,
a pesar de tener otra melodía. Supongo k den parte de eso trata la
armonía. Saber k kada uno tiene su ritmo, pero k de alguna extraña
manera se enlaza. K es maravilloso sentarse y poder komer del fruto.
Pero k de igual manera la alegría misma esta en la vida: en el olor a
tierra, a lluvia, a ver el verde krecer, saber k un día un invierno lo
puede regresar a la tierra. Verlos menguar y alegrarte al haberlo
recibido todo, sin haberlo esperado.
‐-----‐------------------------------------------------
septiembre 29 2020
Y un tiesto de esas sábilas llegó a California. Se ha reproducido tanto que ayer dejé unas pocas afuera con raíz, pero sin tierra. Para que quien las adopte, no lo haga por que trabajo está todo hecho. Por cada planta dejada, me encuentro unas dos o tres. Tengo orquídeas de las que la gente se deshace, por que ya no tienen flores. Tengo plantas completas de pedazos que tiró alguien en una podada.
Sigo teniendo envases con agua para aves. Siempre que decido mudarme, lo primero que pienso es: a quien le dejo las plantas y cuales se van conmigo.
Cuidarlas es un tipo de meditación. Me concentro en las ojitas secas que hay que remover, en la cantidad justa de agua o en añadir tierra. Nunca había luchado tanto en remover plagas, como en este año. Utilizé varios remedios caseros, pero los áfidos se multiplicaban. Ya cuando me daba por rendida me dije: será esta una de las mucjas lecciones que me dá este mundo? Por que mira que son persistentes...
En ese momento el libro en audio que escuchaba menciona algo como:
Los áfidos crecen nutriéndose de las plantas. Cuando ya han sacado todas sus vitaminas, evolucionan y crecen alas, para poder moverse a otras plantas y seguir el ciclo.
Tuve que lavarme las manos y volver a escucharlo. El libro que escuchaba no es de jardinería y no me atrevo a llamar al tiempo casualidad. Sigo matándo áfidos. Pero ahora con una nueva mentalidad.
Tuesday, July 29, 2014
Historias macroscópicas
El kontesto mis Historias mikroskópikas kon esto.
Si un paramecio (o paramecia) se puede reproducir tanto asexual como
sexual… como pasa una o la otra? Ellos (o ellas) lo deciden? Se encuentran…? o
rozan sus cilios por equivocación y empiezan el baile de saberse compartiendo
su material genético… y fusionando sus núcleos? O es meramente un proceso
circunstancial... “natural”? un encuentro de detalles necesarios? Algún tipo de
destino microorganismico? Un momento único? o todas las anteriores…? Nacerá la
semilla del sembrador parabolezco sola y únicamente en la tierra de mejor
colorido?
Hay quien dice que cada historia tiene el mismo comienzo. Que es un
momento. Diminuto. Una pequeña semilla que se siembra en un instante en el
tiempo... una pequeña nota en una melodía. La primera idea siniestra. El primer
ladrillo que se cae. El primer sabor. El primer olor. La primera lágrima… la
primera sonrisa… la primera mirada… el primer espejo. Toda obra maestra y todo
acto siniestro (dicen) respiran en una primera pincelada. Paramecios que
encuentran una gota de agua dulce donde multiplicarse. Y luego para entenderla
solo hace falta aquel… el lente que la magnifica… que la atrapa… la recrea… la
juzga… la limita. Como los microscopios. Gentes-microscopio…
libros-microscopio… escuelas-microscopio… religiones-microscopio.
Ahora… trece años después… el sabia que no. Que la cosa no era tan
sencilla. Trece años antes la historia comenzaba justo allí… en aquel
anfiteatro frio y húmedo. Cuando la vio… cuando la escucho… cuando ella le dio
la mano acompañada de un “Dios te bendiga”. Con aquel traje azul que pensó
nunca olvidaría. Con una flor. Con las tardes de repasos de psicologías. Con
las notitas que se escribían en la facultad de derecho. Con Kandisky en el
museo de arte. Con el olor del primer abrazo. Y el dolor del primer beso. Con
la foto de un día cialeño que se hacía noche.
Y trece años antes la historia terminaba también justo allí. En aquel mismo
anfiteatro de pedagogía. Con la noche que la espero hasta cansarse. Con la
noche que decidió partir. Con sus ojos mojados respirando el polvo de las
ventanas riopedrenses… podrido de odio… queriendo vengarla. Con su alma lejana y
el corazón mudo. Trece años antes eso era todo. Pequeñas historias
microscópicas. Unidas y distantes a la misma vez. Ligadas por circunstancias
ajenas… desgarradas por la incomprensión. Por la mezquindad de creerse
conocedor del fin de la historia… las historias.
Ahora… trece años después… él sabe que no. Que no hay forma de mirar atrás
y ver el principio de los hilos que los unen. Porque ella ya le había visto y
se atrevió a quererlo sin conocerlo. Porque el ya le había sonado. Sin saber
que era ella… la de antes y la de ahora. Porque cuando él la vio… ella cantaba.
Porque ella lo encontró en el rastro de un canto. Porque ni siquiera comienza
ahí… ni con la historia de un traje azul… ni con la historia de una canción. Su
historia… la de el… la de ella… es historia pasada… es historia futura… es la
historia de todos.
Ahora… trece años después… el volvió a creer en todas las historias. Sin
lentes… sin juicios… sin limitaciones… solo por fe. Porque si su historia era
cierta solo podía serlo atada a todas las demás… porque las demás… microscópicas o inmensas… también
se hacían ciertas en la de ellos. Ellos eran la historia de paramecios en
cambio… en evolución… para después alzar vuelo… ellos eran la historia de la
extinción… de la supervivencia. Eran la historia de todos aquellos nómadas en
busca de algo mejor. Eran la historia de crueles guerras… de grandes amores… eran
la historia del camino a oriente buscando nuevos sabores y olores… eran la
historia de torres que se caen para saberse vulnerables… la historia de todas
las luchas de todas las mujeres… de todos los niños y niñas… eran la historia
del abuso de los hombres en nombre de Dios… eran la historia de una cruz y del
más grande amor y del perdón para encontrarse redimidos.
Trece años después… todas las dudas se hicieron cenizas… los paramecios
bailaron en un charco cualquiera… y las semillas se reían a carcajadas… de los
campos fértiles. Las mismas carcajadas que soltó el cuando ella le dijo lo
mismo que él quería decir… y en un momento microscópico le devolvió: “yo la amo
a usted”.
¿Y si llueve? Me mojo.
Llueve. Mi abuelo me paso la habilidad (kreo yo) de saber kuando esta por llover. He hecho esta prueba en distintas partes del mundo y he terminado por kreerla. La lluvia se ha konvertido (desde hace mucho) en una de esas kosas k me provee felicidad instantánea. Abuela a veces me ha dicho "nube de agua", pk kasi siempre k la visito llueve. Otras amistades y familiares bromean kon k si kiero k llueva, me debo poner mi traje de baño. Llueva o no, voy a buskar mas agua. "Kuidado k te mojas", "Kuidado k te enfermas" "¿K va a hacer uno en la playa kon lluvia?" A lo k kon el paso del tiempo he kambiado a: "Si me mojo, me seko." "Si llueve, k eskampe" "Haré una danza de la lluvia, a ver si llueve mas." "¿Y Si llueve? me meto debajo del agua."
La tragedia de la lluvia para unos, es la viktoria de muchos otros. En algún momento llovía fuertemente y pregunte si se podía poner un pez en kada charko. Me dijeron lokita. Rekuerdo otra vez en una feria de pueblo, mi familia y yo vendíamos artesanías. Había llovido mucho en días anteriores, por lo k habían muchos charkos kon agua y otros mas pekeños kon barro, ya kasi sekándose. Hice komo hacia (y aun hago) kon kualkier kuerpo de agua, me puse a observarlo y note k había vida adentro. Así k me di a la tarea de buskar vasitos plástikos y mover a akellos organismos a charkos mas grandes e inklui a mi hermana en dicha tarea. Kuando mi madre nos vio kasi kolapsa. Teníamos los zapatos llenos de lodo y vasitos kon bache. "Pero ustedes son lokas, k hacen?" A lo k konsteste k moviamos pecesitos para k no muriesen. "Peces? Eso son renakuajos! Eso esta sucio!" Peces o renakuajos, lo importantes para mi es k no muriesen sekos. Probablemente nos llevamos algunas nalgadas. Pero en akel momento y ahora, en mi mente solo hubo triunfo. Todavía hoy día, siempre k veo en charko, pienso en peces nadando. O en renakuajos...k para mi, sigue siendo praktikamente lo mismo.
Komparto esta cita de Bruce Lee, basada en filosofía oriental:
“Vacía tu mente, sé amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza, se convierte en la taza; si pones agua en una botella, se convierte en la botella; si la pones en una tetera, se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede aplastar. Sé como el agua. Amigo mío, el agua que corre nunca se estanca, así es que hay que seguir fluyendo”.
Thursday, July 10, 2014
Historias mikroskópikas
imagen: ewakaa.com 1999
Algunos dicen k toda historia tiene dos partes. Lo k muchos olvidan, (komo muchas otras kosas) es k esto suele ser falso. Kada historia, tiene muchas otros puntos de vista. Todos los ojos k la observan, los k la viven y aún los k no; tienen voz propia. La mía, la de él, la de kienes lo vieron, la de kienes la olvidaron.
La historia de la noche k el estuvo presente. La historia del anfiteatro húmedo y frío en él k ella se presentaría akella vez. La historia de la universidad, k fuese tan importante para ella y para él y k fuese tan irrelevante para muchos. Él dice k no olvida esa noche y su traje azul en la tarima. También dice k había otros, pero k no rekuerda a nadie más.
Ella rekuerda k era la primera vez k kantaba en públiko. Y k su voz no armonizaba kon las demás muchachas y por eso kantaba kon los varones. También esta segura de k no usaba traje, sino falda. Y k no necesito ser korta, ni muy ajustada. También sabía k no solo era azul, si no k era azul cielo y k tenía tonos melokotón. Ella rekuerda k le vió. Pero sabía k ya le conocía.
La historia de la voz k se unió a otras voces. La alegría de la vibración interna. La emoción de él al eskucharle y la de ella al sentirse eskuchada. La historia de la falda y sus kolores. Y la historia de los paramecios en el diseño de la falda. No los notó hasta años después, pero allí estaban. Sorprendiendo a su memoria, komo la primera vez k les vió en un mikroskopio, tras rekoger agua del pozo en la loma. Recordó komo hay ciertas kosas k no se pueden imitar, ni obviar. Y a los kompañeros de eskuela elemental, k kisieron enagañar a la maestra rekogiendo agua del grifo.
- Que observas en el mikroskopio?
- Nada.
-Ah..por que esta agua no rekolekto de donde se suponía. No hay organismos vivos, pk no es de agua de la naturaleza.
En ese momento ella no rekonocía la marka k llevaba en su kuerpo y k la exponía. Los mikro-organismos de su falda se reproducían. Manisfestaban su independencia y unían sin saber, a akellos dos seres. Los cilios se alimentaron de la emoción al verse y al hablarse. Akellas dos kriaturas de kampo, se fusionaban y adaptaban a la ciudad komo las agigantadas réplicas unicelulares de la tela.
Pero ni él ni ella aún no a sabía esto. Mucho tiempo después enkontró la falda. Ella la transformaría en cenizas k se tragarían sus pulmones. Los mismo k se llenaron de aire y valentía k se atrevieron a decir lo k sentía. En el instante en el k él soltó una karkajada llena de felicidad, tras ella haber dicho antes, lo k el moría por revelar. Las dudas se hicieron cenizas y los paramecios bailaron en un charko kualkiera, a un mismo son.
Algunos dicen k toda historia tiene dos partes. Lo k muchos olvidan, (komo muchas otras kosas) es k esto suele ser falso. Kada historia, tiene muchas otros puntos de vista. Todos los ojos k la observan, los k la viven y aún los k no; tienen voz propia. La mía, la de él, la de kienes lo vieron, la de kienes la olvidaron.
La historia de la noche k el estuvo presente. La historia del anfiteatro húmedo y frío en él k ella se presentaría akella vez. La historia de la universidad, k fuese tan importante para ella y para él y k fuese tan irrelevante para muchos. Él dice k no olvida esa noche y su traje azul en la tarima. También dice k había otros, pero k no rekuerda a nadie más.
Ella rekuerda k era la primera vez k kantaba en públiko. Y k su voz no armonizaba kon las demás muchachas y por eso kantaba kon los varones. También esta segura de k no usaba traje, sino falda. Y k no necesito ser korta, ni muy ajustada. También sabía k no solo era azul, si no k era azul cielo y k tenía tonos melokotón. Ella rekuerda k le vió. Pero sabía k ya le conocía.
La historia de la voz k se unió a otras voces. La alegría de la vibración interna. La emoción de él al eskucharle y la de ella al sentirse eskuchada. La historia de la falda y sus kolores. Y la historia de los paramecios en el diseño de la falda. No los notó hasta años después, pero allí estaban. Sorprendiendo a su memoria, komo la primera vez k les vió en un mikroskopio, tras rekoger agua del pozo en la loma. Recordó komo hay ciertas kosas k no se pueden imitar, ni obviar. Y a los kompañeros de eskuela elemental, k kisieron enagañar a la maestra rekogiendo agua del grifo.
- Que observas en el mikroskopio?
- Nada.
-Ah..por que esta agua no rekolekto de donde se suponía. No hay organismos vivos, pk no es de agua de la naturaleza.
En ese momento ella no rekonocía la marka k llevaba en su kuerpo y k la exponía. Los mikro-organismos de su falda se reproducían. Manisfestaban su independencia y unían sin saber, a akellos dos seres. Los cilios se alimentaron de la emoción al verse y al hablarse. Akellas dos kriaturas de kampo, se fusionaban y adaptaban a la ciudad komo las agigantadas réplicas unicelulares de la tela.
Pero ni él ni ella aún no a sabía esto. Mucho tiempo después enkontró la falda. Ella la transformaría en cenizas k se tragarían sus pulmones. Los mismo k se llenaron de aire y valentía k se atrevieron a decir lo k sentía. En el instante en el k él soltó una karkajada llena de felicidad, tras ella haber dicho antes, lo k el moría por revelar. Las dudas se hicieron cenizas y los paramecios bailaron en un charko kualkiera, a un mismo son.
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